febrero 21, 2008

...Y la Tierra se comió al conejo

Cientos de personas, entre ellos el rector de la UNAM, el jefe de Gobierno del DF, expertos y aficionados, acudieron al Zócalo para admirar el eclipse lunar.El fenómeno se convirtió en una fiesta con bailes y cantos

ALEJANDRO SUVERZA
El Universal
Jueves 21 de febrero de 2008
alejandro.suverza@eluniversal.com.mx

La protagonista de la noche, aunque se sabe trastocada, se mira hermosa. Pasan de las 18:30 horas y lentamente sube por detrás de Palacio Nacional, llena, grandísima en rojo, mientras miles de personas esperan y un ciento de telescopios aguardan como los enamorados su aparición.

Un avión solitario que cruza el cielo por encima del Zócalo de la ciudad de México refleja en carmesí al poderoso Sol que le da luz y la hace brillar. Ella no tiene prisa. Se toma su tiempo, sabe quizá que es inevitable y que más tarde quedará eclipsada por la Tierra, el planeta que está a 380 mil kilómetros de distancia, en promedio, y que se interpondrá entre ella y su mitológico amado. Desde las 18:15 horas, ya la Tierra la había cubierto con su penumbra, una sombra delicada que aún la deja brillar, pero no se podía ver porque aún no estaba debajo del horizonte.

En el día de eclipse lunar en México, las coincidencias existen: la Estación Espacial Internacional —una nave de observación que lleva a bordo a representantes de varias naciones y que da vuelta alrededor de nuestro planeta, a 360 kilómetros de distancia— acaba de pasar. Lo hace cada 90 minutos, pero se va desfasando. Hoy es visto aquí, quizá mañana se verá en Hawai.

El fenómeno fue señalado por astrónomos presentes, pero a Julieta Fierro se le pasó y tampoco nadie le avisó para que lo anunciara a los asistentes al Zócalo capitalino. Ella, por tanto, continuó con la presentación de un grupo de mamberas, que bailaban con atuendos de ballet sobre un escenario, a propósito del eclipse lunar.

El ingeniero Ángel Llano, del Centro de Investigación de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, está aquí con su telescopio de 9.25 pulgadas, en espera de un regalo. Sabe que conforme la Luna comience a subir traerá consigo a Saturno, sus anillos y su satélite llamado Titán.

No es el único, también están Francisco Martínez, del Centro de Observación y Difusión Astronómica, quien se encarga de impartir conocimiento en escuelas.

Abajo se escuchan coros, un canto africano. Arriba, la Luna comienza a dejarse tapar por la umbra, la sombra más oscura que le da la Tierra.

“Ya comenzó por las patas...”

Decenas de personas comienzan a entrar para admirar el inicio del eclipse a través de los telescopios. Rafael Ángeles, de Nueva Perspectiva Astronómica Xochicalco —grupo que observa desde lugares prehispánicos— explicaría que durante el Tonacaualo (eclipse), el ocelote de la Tierra se está comiendo al conejo de la Luna. La Tierra a Meztli, pues. “Ya comenzó por las patas”, dice. ´

Son las 19:44 horas. Abajo se lleva a cabo la presentación de los organizadores y de los invitados de honor, entre ellos el rector de la UNAM, José Narro; el director del IPN, Enrique Villa, y el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard.

La animadora dice que este es un acto para reconocer a la Ciencia y a los científicos mexicanos. Gracias a ellos y a muchos aficionados que prestaron sus telescopios, miles de mexicanos pudieron ver y entender un poco más el lenguaje espacial.

Erick Yepes, un niño de ocho años de edad y dueño de un telescopio que le regalaron los Reyes Magos, mira orgulloso, mientras dice que quiere ser astrónomo de la NASA. Es el primer eclipse de luna que ve. “Está bien que se interesen por eso; traje mi telescopio para que lo vean. Yo que sepa, se va a acabar la luz y la Luna se verá roja”. Tenía razón.

Ya se mira Saturno, sus anillos y su satélite Titán. Es el eclipse total y los rayos solares envolvieron a la Luna, que ya tiene dimensión: se mira como una bola semitransparante en rojo ante las miles de personas que atendieron al llamado para observar este eclipse lunar.

No hay comentarios.: